Una República inmadura para una España Inmadura

abril 13, 2010

        Cada pueblo tiene los gobernantes que se merece, reza el dicho, y no le falta razón a la sabiduría popular.  Hace 81 años que se proclamó la Segunda República y ésta es aún objeto de veneración inexplicable en las filas de la izquierda. Parece que los nostálgicos republicanos se han olvidado de los múltiples problemas que atravesó España en ese largo lustro republicano y parece también que prefieren optar por obviar el sombrío legado de unos años de inmadurez, precipitación e irresponsabilidad política de uno y otro signos.

El pueblo español es extremoso y subjetivo. Como conjunto, tiende a actuar a impulsos, sin sopesar las consecuencias que determinadas decisiones puedan tener a medio o largo plazo. De ese modo impulsivo se actuó a la hora de redactar la Constitución del 31; de igual manera se obró al tomar determinadas decisiones para las que claramente la población española no estaba aún preparada, abusando en la utilización del poder, haciendo uso de ese típico paternalismo neoilustrado de corte socialista. Nada bueno puedo decir de las derechas, que enarbolaron la bandera de la reacción. Curiosamente ambas actitudes han traspasado el puente de la dictadura y parecen inveteradas en los políticos de las dos fuerzas mayoritarias de nuestra democracia. Lástima.

Afirmar que la Constitución del 31 reflejaba el sentir del pueblo es una soberana tontería, dado que la población española se hallaba sumida en un letárgico descontento fácilmente manipulable por las fuerzas de uno y otro polos. Y en eso, en una lucha de polos opuestos, de polos que en el fondo se tocaban, de polos que convertían la realidad política española en un esperpento, se convirtió esa república.

Faltó racionalidad a la hora de gobernar y sobraron soberbia y radicalismo. Faltó mesura, que es lo que siempre nos ha faltado a los españoles como pueblo, tan dados como somos al blanquinegrismo.

En resumen, la República fue un fracaso total. Aún andamos saldando las deudas que nos dejó: las concesiones al nacionalismo debidas a un diagnóstico precoz del modelo territorial requerido; el radicalismo inveterado e insolente de las izquierdas; la actitud rancia y casposa de las derechas….

La lección que debieran habernos enseñado 5 años de errores garrafales no ha sido del todo aprendida y en el espejo de aquella República se miran muchos de los políticos de hoy en día. Qué pena que 80 años de experiencia y muchos de dictadura no hayan sido capaces de enseñarnos nada sobre las virtudes de la moderación.

Hello world!

abril 13, 2010

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